Cuando pensamos en un abogado, imaginamos a una persona defendiendo derechos y buscando soluciones legales.
Pero esta profesión tiene una historia que inició hace miles de años. En la antigua Grecia, las personas debían defenderse
solas ante los tribunales, aunque podían recibir ayuda de expertos que redactaban sus discursos.
Fue en la antigua Roma donde nació la figura más parecida al abogado actual. Los advocatus combinaban el conocimiento de las leyes con la habilidad de hablar en público para asesorar y representar a quienes necesitaban apoyo. Con el tiempo, esta importante labor comenzó a regirse por principios éticos y normas profesionales.
Fuente: Organización de las Naciones Unidas (ONU). “Access to Justice”, que define el acceso a la justicia como un principio básico del Estado de derecho.

A lo largo de los siglos, la abogacía evolucionó junto con la sociedad. Universidades, nuevas leyes y cambios culturales fortalecieron su papel en la protección de los derechos de las personas. Como señalan las Naciones Unidas,
“el acceso a la justicia es un principio fundamental del Estado de derecho, ya que permite a las personas ejercer sus derechos y hacer escuchar su voz”.
Hoy, los abogados pueden especializarse en distintas áreas y apoyarse en la tecnología para ofrecer soluciones rápidas y eficientes. Aunque los tiempos han cambiado, su misión sigue siendo la misma: ayudar a las personas y contribuir a una sociedad más justa

