Cuando pensamos en las leyes más antiguas de la humanidad, inevitablemente surge el nombre de Hammurabi, un rey que gobernó Babilonia hace casi 4,000 años. Su gran legado fue un conjunto de normas conocido como el Código Hammurabi, considerado uno de los primeros sistemas legales escritos de la historia. Grabadas en una piedra de más de dos metros de altura, estas 282 leyes buscaban regular casi todos los aspectos de la vida: desde el comercio y la agricultura, hasta el matrimonio y las herencias. Pero si algo ha trascendido hasta nuestros días, es su principio de justicia retributiva conocido como la Ley del Talión.
La famosa expresión “ojo por ojo, diente por diente”, que aparece en este código, establecía que el castigo debía ser proporcional al daño causado. Si alguien le sacaba un ojo a otro, debía perder el suyo. Si quebraba un hueso, sufría el mismo destino. Aunque hoy nos parece un método brutal, en su época fue revolucionario porque limitaba la venganza descontrolada y buscaba equilibrar las penas. No cualquier daño justificaba una represalia desmedida.
Curiosamente, el Código también contemplaba diferencias según la clase social: la sanción era más severa si el daño era contra alguien de mayor rango, y más leve si la víctima era de clase baja o un esclavo. Un legado que, aunque superado por sistemas modernos, sigue despertando curiosidad y reflexión sobre cómo nació el sentido de justicia en la civilización humana.

